sábado, 28 de noviembre de 2009

Y son tres años

Por: María José Aguiar Noury

A pocos días de cumplirse tres años del Gobierno de la Revolución ciudadana me pregunto:
¿Qué tanto funciona la democracia en el Ecuador? ¿Qué tanto se presentan los candidatos como realmente son? ¿Qué tanto presentan sus propuestas e ideologías políticas? ¿Qué tanto se interesan por conseguir el verdadero bienestar general? ¿Qué tanto comprenden éste término?

Interrogantes que surgen e instan a descubrir por qué nos declaramos un país democrático. Es difícil entender en qué tipo de régimen vivimos cuando dos de los poderes, ejecutivo y legislativo, son uno sólo. Los ánimos de ciertos grupos se han caldeado cada vez que una reforma legal va a ser instaurada, pero dadas las circunstancias, ¿realmente creen llegar a ejercer presión?

La misma elección popular, símbolo de la democracia, fue la que condujo al país al tipo de gobierno que tenemos. Pero me atrevería a decir que fue una elección a ciegas. Jamás el electorado conoció de boca del actual presidente su ideología política. Si bien su plan de gobierno era instaurar una Asamblea Constituyente que reforme la Constitución y así modificar al Estado del “antiguo régimen” y de la “larga noche neo-liberal”. Jamás dijo: “(…) quiero aplicar el Socialismo del Siglo XII, según los planteamientos del Dr. Heinz Dieterich Steffan, que sigue el vecino país venezolano”.

Ciega mayoría que por ingenua e ignorante eligió un régimen autoritario.

¿Mantenemos nuestras libertades individuales? Aún creo que sí. De hecho estaría dispuesta a ceder algunas, si verdaderamente al transigirlas observara una recompensa futura. Retribución que únicamente se reflejaría en el bienestar objetivo de la población. Porque ¿de qué serviría un sacrificio infructífero?

Eso es a lo que tenemos miedo, a ceder y salir perdiendo.

Un gobierno que se jacta de eficiente, no es aquel que simplemente no tiene oposición. Es aquel que escucha todas las propuestas alternativas y consigue un modelo en el que participen todos los sectores de la población, y así consigue instituciones fuertes y eficaces que sepan gobernar. Por eso se hallan en el poder. La falta de oposición degrada al gobierno, lo seca y perjudica, a largo o corto plazo. Podríamos aplicar la frase “ningún gobierno es una isla”.

Y ahora ¿qué hacer? Es necesario despertar de tanta inactividad y conseguir el desarrollo de una verdadera oposición. Al recurrir a éste término no me refiero a querer llevar simplemente la contraria, sino a presentar una vía alterna. Se quiere revolución, perfecto este es nuestro plan. Eso es oposición. Aceptar un cambio positivo es desarrollo.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

La oportunidad de madurar

Por: Daniel Avila


Hoy en día nos preocupamos por demostrar lo inteligentes que somos, lo cierto de nuestras ideas. Esta premisa es el himno de nuestra nueva era.
Se puede hablar de casi cualquier tema, polémico o no, pero siempre se buscará identificar la cumbre de las ideas razonables a favor nuestro. Cualquier discusión que tengamos, o incluso en cuestiones irrelevantes, siempre intentaremos establecer que estamos en lo correcto y que nuestras ideas están sustentadas.

Veamos un simple ejemplo. Un grupo de amigos se reúne y uno de ellos pregunta la hora; como respuesta recibe un “las 3 y 45”, no sería de extrañarse que al menos uno de los otros amigos dijera “son las 3 y 46 en punto, mi reloj está igualado”. No importa el tema, hoy por hoy, las personas quieren tener la razón.
¿Pero? ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué buscar, de manera tan metódica, tener la razón? Sencillamente porque dentro de la corriente del pensamiento contemporáneo: quien no tiene la razón, no tiene derecho y, por lo tanto, no será escuchado o tomado en cuenta.

El problema esencial no radica en querer tener razón, sino en imponer nuestro razonamiento sin importar otro punto de vista. Es querer tener razón aún cuando estamos equivocados. Es la gente que quiere defender lo indefendible.
Ya desde hace varios siglos se hablaba de la diosa razón y de lo importante que era pensar “racionalmente”. El hecho está en que lo que parece racional, en un inicio, puede resultar no serlo.

Veamos un ejemplo bastante sencillo. La gente hace 1000 años creía que el sol giraba alrededor de la tierra, hace 100, que el hombre no podría volar, hace 50, que no podríamos estar conectados con todo el mundo; hoy tenemos aviones, celulares e internet. La era contemporánea nos demuestra que más cosas son posibles. El tema no es el avance tecnológico, es como podemos madurar, reconocer que nos hemos equivocado y mejorar.
Segarnos hacia lo que creemos puede resultar seriamente riesgoso. Encerarse en nuestro propio concepto de razón, según lo que nos parece, es alejarse del concepto de verdadera razón. Es ser el hombre que tacho de ridículas, hace más 100 años, las pretensiones de volar.

Hay que mencionar también que, así como mantener una postura inamovible es inaceptable, ser relativista lo es más aún. No tener un propósito firme, un ideal a seguir, nos convierte en anarquistas, almas sin rumbo. Un lineamiento es lo que nos motiva y lo que hace posible tener una meta. El mismo Descartes nos habla de esto cuando dice “sería preferible no investigar a investigar sin un método.” Vivir sin creencias es vivir sin esperanzas.
Ahora, ¿Dónde esta el equilibrio? ¿En quien hay que creer?
Desafortunadamente en nadie, nadie tiene absoluta razón. Por esto es importante escuchar diversos puntos de vista para poder obtener lo más cercano a lo que es correcto. Nunca existe un solo punto de vista, casi toda opinión cuenta.

Es por esto que, ciertas actitudes, de ciertos presidentes, deberían cambiar. Abrirse al diálogo no es señal de debilidad, es querer ver más de un punto de vista, es escuchar y no solo oír. Es de suma importancia para el desarrollo integral de las naciones que nos escuchemos y nos escuchen. Maduremos, no creamos saber todo lo que la gente quiere y obtengamos todos algo beneficioso para el país.

martes, 10 de noviembre de 2009

Una enseñanaza para los gobernantes según Lao Tse

Recopilado por: Diego Estrella

Los mejores gobernantes son apenas conocidos por sus vasallos;
Los siguientes mejores son amados y alabados;
Los siguientes son temidos;
Los siguientes despreciados:
No tienen fé en sus vasallos,
Por tanto, sus vasallos tampoco tienen fé en ellos.

Cuando el mejor gobernante alcanza su objetivo
Sus vasallos lo celebran como si fuese el objetivo de ellos mismos.

domingo, 8 de noviembre de 2009

La voluntad Latinoamericana

Por: Pablo Begnini

Un hombre libre es aquel que, teniendo fuerza y talento para hacer una cosa, no encuentra trabas a su voluntad.

Thomas Hobbes

En una época socio-cultural en la que los pocos cimientos del pensamiento sudamericano se ven amenazados por el “relativismo” y la corriente globalizadora intenta arrasar con la mínima identidad nacional que nos queda, la juventud de América Latina parece haber cedido en la batalla y se está viendo afectada por un fenómeno apático que amenaza la administración de nuestro continente. Salvo contados casos de focos intelectuales y por supuesto de figuras políticas extremistas (como Chávez y Morales) que no se han destacado por sus aportes éticos, sociales y políticos sino por sus fatuos discursos e incompresible actitud, parece que el estancamiento del desarrollo de Sud América se debe a la falta de interés de sus habitantes.

Si bien países como Chile, Argentina, Brasil e incluso Colombia han comprendido que el desarrollo debe estar en estrecha relación con el afán de cada uno de los hombres y mujeres que forjan la sociedad de dichas naciones, aun no se ha generalizado la idea de que el progreso está fundamentado solamente en la voluntad. Hemos optado por darle la espalda a la administración de nuestros estados y solo criticarlos ratificando la teoría de que “En Latinoamérica nadie tiene la culpa pero todo marcha mal”

¿Son entonces fundamentas las críticas y los adjetivos que nos han dado los países desarrollados? ¿Es verdad que nunca sanarán las “Venas abiertas de América Latina”? Pues definitivamente el voto dirimente en este dilema lo sustenta la juventud que por desgracia ha optado por actividades “extracurriculares” que nos alejan cada vez más de la actividad académica y que empañan la visión a futuro de una región que no encuentra consensos. Por lo tanto la responsabilidad ya no recae en nuestras autoridades ni gobernantes sino en nuestro aparato productivo y en el núcleo social mediante el cual se fomenta el trabajo y los valores como responsabilidad, incorruptibilidad, respeto y principalmente interés de parte de los futuros actores de esta realidad. La composición social es la unión de las múltiples variables humanas que necesitan una de la otra, pues como lo menciona el hombre que enseño a pensar a Occidente: "El que no puede vivir en sociedad o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un Dios."

Es tarea de cada ciudadano de estas naciones comprender que han pasado 500 años ya de la conquista, que los pretextos se están agotando y que América Latina va a cambiar simplemente cuando queramos que cambie. Recordemos al filósofo espiritual Jiddu Krishnamurti cuando decía “Pero todo depende de ti y de nadie mas”.